Amelia Earhart: la aviadora pionera que cambió la historia de la aviación

En 1920, una joven de 23 años pagó un dólar por un vuelo de diez minutos en una feria de aviación en Long Beach, California. El avión apenas llegó a los 600 metros de altitud, pero cuando aterrizó, Amelia Earhart ya sabía lo que quería hacer con su vida. Doce años después, cruzaría el Atlántico en solitario. Catorce años después, desaparecería sobre el Pacífico intentando dar la vuelta al mundo. Amelia Earhart no fue simplemente la primera mujer en hacer muchas cosas: fue una de las aviadoras más capaces técnicamente de su generación, en una época en que el mundo le ponía obstáculos a cada paso por el simple hecho de ser mujer.
El contexto: volar en los años 20 no era para cualquiera
Para entender la dimensión real de lo que consiguió Amelia Earhart hay que entender en qué consistía volar en los años 20 y 30. Los aviones de la época eran máquinas mecánicamente complejas, sin los sistemas de navegación modernos, con motores poco fiables y cabinas abiertas expuestas a los elementos. No existían los VOR ni el ILS: los pilotos navegaban a estima, con brújula y cronómetro, sobre océanos sin referencias. Un error de cálculo sobre el Atlántico o el Pacífico era, en la mayoría de los casos, mortal.
A eso hay que añadir que las mujeres no eran bienvenidas en la aviación. Los clubs de pilotos no las admitían, las aerolíneas no las contrataban como pilotos, y la prensa se obstinaba en hablar de su peinado y su ropa en lugar de sus habilidades técnicas. Earhart lo sabía, y lo rechazaba sistemáticamente.
Los primeros pasos: de enfermera a aviadora
Amelia Earhart nació el 24 de julio de 1897 en Atchison, Kansas. Creció en un ambiente que la alentó a practicar deportes y actividades consideradas, en esa época, masculinas, lo que forjó un carácter independiente desde la infancia. Durante la Primera Guerra Mundial trabajó como enfermera voluntaria en un hospital canadiense, donde trató a pilotos heridos y por primera vez estuvo en contacto directo con el mundo de la aviación.
En 1921, con 24 años, tomó sus primeras lecciones de vuelo con Anita «Neta» Snook, una de las pocas instructoras de vuelo femeninas de la época. Para pagarse las lecciones, Earhart trabajó en varios empleos simultáneamente: telefonista, fotógrafa, conductora de camión. En 1923 obtuvo su licencia de piloto de la Federación Aeronáutica Internacional. Ese mismo año estableció su primer récord, alcanzando una altitud de 4.267 metros.
1928: la primera cruzada del Atlántico (como pasajera)
En 1928, Earhart fue seleccionada para acompañar al piloto Wilmer Stultz en el primer vuelo de una mujer a través del Atlántico. Salieron de Terranova y aterrizaron en Gales. Earhart fue muy clara al respecto: ella había sido «carga», no piloto. «Stultz hizo todo el trabajo», dijo. «Yo fui simplemente un saco de patatas.»
La frase era honesta y reveladora: Earhart no estaba interesada en los títulos simbólicos. Quería hacerlo de verdad, en los mandos, sola.
1932: el Atlántico en solitario
El 20 de mayo de 1932, exactamente cinco años después del histórico vuelo de Charles Lindbergh, Amelia Earhart despegó de Harbour Grace, Terranova, a bordo de un Lockheed Vega 5B con destino a Europa. Volaba sola, de noche, sobre el Atlántico norte.
El vuelo no fue tranquilo. A las pocas horas encontró hielo en las alas, turbulencias severas y un fallo en el altímetro que le impidió conocer su altitud exacta durante buena parte del trayecto. El tubo de escape del motor empezó a vibrar y a soltar llamas visibles desde la cabina. Earhart mantuvo el rumbo.
Quince horas después, aterrizó en un campo de Irlanda del Norte, a pocos kilómetros de Londonderry. Un granjero se acercó al avión. — ¿De dónde viene? — preguntó. — De América — respondió ella.
Con ese vuelo, Amelia Earhart se convirtió en la primera mujer en cruzar el Atlántico en solitario, la primera persona en cruzarlo dos veces, y la que lo hizo en el tiempo más corto hasta ese momento. Además, estableció el récord de distancia femenino sin escala.
Los récords técnicos: una aviadora de primer nivel
La dimensión de Earhart como piloto va mucho más allá de ser «la primera mujer en…». Sus logros técnicos son notables por méritos propios:
1931: récord de altitud en autogiro, alcanzando 5.613 metros.
1932: cruce del Atlántico en solitario — Terranova a Irlanda del Norte en 14 horas y 56 minutos.
1935: primera persona en cruzar en solitario el Pacífico entre Honolulú (Hawái) y Oakland (California), una distancia de 3.875 km sobre el Pacífico, mayor que la distancia entre Nueva York y Europa. Los intentos anteriores habían terminado en desastre. Earhart lo completó en 17 horas y 7 minutos.
1935: vuelo sin escalas entre Ciudad de México y Newark en 13 horas y 23 minutos, estableciendo récord de velocidad transcontinental.
Todos estos vuelos se realizaron con los sistemas de navegación de la época: brújula, cronómetro, cartas de navegación y estimación de viento. Sin GPS, sin FMC, sin radionavegación sofisticada. Localizar una isla de pocos kilómetros en medio del Pacífico requería una precisión navegacional que pocos pilotos de cualquier género podían igualar. El Smithsonian National Air and Space Museum mantiene un registro completo de sus récords de aviación.
El Lockheed Electra 10-E: el avión de la última aventura
Para su intento de vuelta al mundo en 1937, Earhart eligió un Lockheed Electra 10-E, un bimotor de pasajeros de última generación, financiado en parte por la Universidad de Purdue. El avión fue modificado específicamente para el vuelo: se instalaron depósitos de combustible adicionales con capacidad para 21 horas de vuelo, equipos de radionavegación y una estación de comunicaciones.
El Electra tenía una envergadura de 16,7 metros, dos motores Pratt & Whitney Wasp Junior de 400 CV cada uno y una velocidad de crucero de unos 300 km/h. Era un avión moderno y fiable para su época, pero los vuelos transoceánicos de larga distancia con radionavegación limitada seguían siendo técnicamente muy exigentes.
El primer intento de circunnavegación en marzo de 1937 terminó en un accidente durante el despegue en Hawái. El avión fue enviado a reparaciones. El segundo intento comenzó el 1 de junio de 1937 desde Miami, esta vez en dirección este (hacia Sudamérica, África, Asia y Oceanía) en lugar de oeste.
La vuelta al mundo: 35.000 kilómetros sin un día de descanso
La ruta del segundo intento era la más ambiciosa posible: seguir aproximadamente la línea del ecuador, la circunnavegación de mayor distancia posible. Earhart y su navegante Fred Noonan recorrieron en 30 días unas 35.000 kilómetros a través de Sudamérica, África, el Mar Rojo, India, Birmania, Singapur e Indonesia.
En Bandung, Indonesia, Earhart enfermó de disentería. En Darwin, Australia, decidió enviar de vuelta los paracaídas: consideró que no serían necesarios en lo que quedaba de ruta, sobre el océano.
El 29 de junio llegaron a Lae, en Papua Nueva Guinea. Habían recorrido el 80% de la ruta. Quedaban unos 11.200 kilómetros, el tramo más difícil: el Pacífico central.
La desaparición: lo que sabemos con certeza
El 2 de julio de 1937, a las 00:00 horas locales, Earhart y Noonan despegaron de Lae con destino a la isla Howland, un islote de apenas 2,5 km de largo situado en pleno Pacífico ecuatorial. La distancia era de unas 4.100 km. El Electra llevaba combustible para aproximadamente 20-21 horas de vuelo.
La navegación hasta Howland era técnicamente muy compleja. La isla era extraordinariamente pequeña y difícil de localizar con los medios de la época. El guardacostas estadounidense Itasca esperaba en las proximidades de la isla para guiar a Earhart con señales de radio.
Las últimas transmisiones de Earhart llegaron esa mañana. A las 19:58 hora local envió su último mensaje recibido con claridad: informaba de que volaban a 1.000 pies y no conseguían ver la isla. Después, nada. Ni el avión, ni los ocupantes, ni los restos fueron encontrados pese a la mayor operación de búsqueda naval hasta entonces realizada por Estados Unidos.
El 5 de enero de 1939, Amelia Earhart fue declarada oficialmente muerta. Tenía 39 años.
Las teorías sobre la desaparición
El misterio de Amelia Earhart ha generado durante décadas hipótesis de todo tipo. Las más sólidas son:
Amerizaje por falta de combustible: la teoría oficial. El Electra se quedó sin combustible antes de localizar Howland y cayó al océano. Las comunicaciones de radio de las últimas horas sugieren que Earhart tenía dificultades para recibir las señales del Itasca.
Aterrizaje en la isla Nikumaroro: algunos investigadores, especialmente el grupo TIGHAR, defienden que Earhart desvió el rumbo hacia el sur y aterrizó en la entonces deshabitada isla Gardner (hoy Nikumaroro). Restos de artefactos de los años 30 han sido encontrados en la isla, aunque ninguno ha sido definitivamente atribuido al vuelo.
Descubrimiento de 2024: la empresa Deep Sea Vision anunció en 2024 haber localizado lo que podría ser el Lockheed Electra de Earhart en el fondo del Pacífico, a unos 5.000 metros de profundidad, mediante sonar de barrido lateral. Las imágenes mostraban contornos compatibles con el avión, pero la identificación definitiva no ha sido confirmada.
El legado de Amelia Earhart
Earhart fundó en 1929 Las Noventa y Nueve (The Ninety-Nines), una organización de mujeres pilotos que lleva el nombre de sus 99 socias fundadoras. La organización sigue activa hoy con miles de miembros en todo el mundo, promoviendo la presencia de la mujer en la aviación.
Fue también una de las primeras promotoras de la aviación comercial como medio de transporte seguro para el público general, en una época en que la mayoría de la gente consideraba volar demasiado peligroso. Escribió varios libros sobre sus experiencias de vuelo, que se convirtieron en superventas.
En 1968 fue incluida en el Salón de la Fama de la Aviación Nacional de Estados Unidos. En 1973, en el National Women’s Hall of Fame. Los Archivos Nacionales de Estados Unidos conservan los documentos originales relacionados con su último vuelo y la búsqueda posterior.
Su frase más citada, de una carta a su marido antes del último vuelo, resume perfectamente quién era: «Por favor debes saber que soy consciente de los peligros, quiero hacerlo porque lo deseo. Las mujeres deben intentar hacer cosas como lo han hecho los hombres.»
En resumen
Amelia Earhart fue una aviadora técnicamente excepcional que voló en una época en que el mundo le ponía obstáculos a cada paso. Sus récords — el Atlántico en solitario, el Pacífico, la vuelta al mundo casi completada — no son logros «para una mujer»: son logros de primera magnitud en la historia de la aviación. Su desaparición sobre el Pacífico en 1937 sigue sin resolverse definitivamente, pero lo que no está en duda es lo que hizo mientras voló.
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