¿Por qué las ventanas de los aviones son ovaladas? La historia del De Havilland Comet

Mira por la ventanilla de cualquier avión comercial y verás siempre la misma forma: un rectángulo con las esquinas completamente redondeadas, casi ovalado. No es una decisión estética ni de comodidad visual. Es el resultado directo de una de las tragedias más importantes de la historia de la aviación: los accidentes del De Havilland Comet en los años 50, que enseñaron al mundo lo que ocurre cuando un avión presurizado tiene ventanas con esquinas en ángulo recto.
El De Havilland Comet: el primer avión comercial a reacción
Para entender por qué las ventanas de los aviones son ovaladas, hay que empezar en 1949, cuando la empresa británica De Havilland presentó el Comet, el primer avión comercial propulsado por motores a reacción del mundo. Era un salto tecnológico sin precedentes: más rápido, más silencioso y más alto que los aviones de hélice que dominaban los cielos en aquella época.
El Comet podía volar a más de 12.000 metros de altitud, lo que le permitía sobrevolar la mayor parte de las turbulencias y ofrecer una experiencia de vuelo más confortable. Pero volar tan alto requería una cabina presurizada que mantuviera condiciones respirables para los pasajeros, algo que los aviones de hélice de la época no necesitaban en la misma medida.
El diseño del Comet era elegante y moderno. Sus grandes ventanas cuadradas, con ángulos rectos perfectamente definidos, daban al avión un aspecto limpio y sofisticado. Nadie imaginaba que esas ventanas iban a ser su perdición.
Los accidentes: aviones que se desintegraban en pleno vuelo
El Comet entró en servicio comercial en 1952 y desde el primer momento fue un éxito. En solo un año transportó a 28.000 pasajeros. Pero los problemas no tardaron en aparecer.
Entre octubre de 1952 y enero de 1954, cuatro Comets sufrieron accidentes graves en solo 14 meses. El más devastador fue el del vuelo BOAC 781, el 10 de enero de 1954. El avión G-ALYP sufrió una descompresión explosiva en altitud y se estrelló cerca de la isla italiana de Elba, matando a las 35 personas a bordo.
Pocas semanas después, otro Comet se desintegró sobre el Mediterráneo en circunstancias similares. El gobierno británico, encabezado por Winston Churchill, ordenó la investigación más exhaustiva que se había llevado a cabo hasta ese momento en la historia de la aviación. La Royal Navy rescató del fondo del mar todos los fragmentos del avión que pudo encontrar.
La investigación: el tanque de agua de Farnborough
El Royal Aircraft Establishment (RAE) de Farnborough, el principal centro de investigación aeronáutica del Reino Unido, diseñó una prueba revolucionaria para reproducir las condiciones de los accidentes. Sumergieron un fuselaje completo de Comet en un tanque de agua y lo sometieron a ciclos repetidos de presurización y despresurización, simulando lo que ocurre en cada vuelo.
El motivo de usar agua en lugar de aire era crítico: si el fuselaje cedía durante la prueba, el agua absorbía la energía de la explosión sin causar daños catastróficos. Con aire, la descompresión explosiva habría sido peligrosa incluso en un entorno controlado.
El 24 de junio, cuando el ensayo llevaba acumulados 3.057 ciclos de presurización, la presión en la cabina disminuyó bruscamente. Al sacar el agua, los técnicos comprobaron que se había abierto una grieta en el fuselaje cuyo origen estaba en la esquina de una ventanilla.
El diagnóstico fue definitivo: fatiga del metal.
Qué es la fatiga del metal y por qué las esquinas son tan peligrosas
La fatiga del metal es un fenómeno por el cual un material sometido a cargas cíclicas repetidas acaba desarrollando grietas microscópicas que crecen progresivamente hasta causar una rotura catastrófica, incluso cuando cada carga individual está muy por debajo del límite de resistencia del material.
En el caso del Comet, cada vuelo suponía un ciclo completo: al despegar, la cabina se presuriza; al aterrizar, se despresuriza. El fuselaje se dilata y se contrae ligeramente en cada ciclo. Después de cientos de vuelos, el metal acumula daño microscópico.
El problema de las ventanas rectangulares era que los ángulos rectos concentraban las tensiones en un punto muy pequeño. La energía de la presurización, en lugar de distribuirse uniformemente por toda la superficie de la ventana, se acumulaba en las esquinas, iniciando allí las grietas.
La física es clara: en una forma circular u ovalada, las tensiones se distribuyen de manera uniforme a lo largo de todo el perímetro. En una esquina en ángulo recto, esa misma tensión se concentra en un área mínima, multiplicando la carga local por un factor de tres o más. Es el mismo principio que explica por qué los ingenieros evitan los ángulos rectos en cualquier estructura sometida a fatiga cíclica.
El rediseño: del Comet a todos los aviones del mundo
Las ventanas cuadradas del Comet fueron sustituidas por ventanas ovaladas, eliminando los vértices agudos donde las tensiones se concentraban. El fuselaje fue rediseñado desde cero, reforzado con aleaciones de mayor ductilidad y sometido a ensayos de fatiga cíclica que simulaban decenas de miles de vuelos.

Pero el legado más importante no fue el rediseño del Comet en sí, sino la lección que aprendió toda la industria aeronáutica mundial. Boeing, Douglas y todos los fabricantes que estaban desarrollando sus propios aviones a reacción incorporaron inmediatamente las conclusiones de la investigación del Comet: ventanas ovaladas, refuerzos estructurales alrededor de todos los recortes del fuselaje y ensayos de fatiga como requisito obligatorio de certificación.
El cambio más profundo fue filosófico: De Havilland adoptó por primera vez una lógica de «fail-safe design», aceptar que las estructuras pueden fallar parcialmente, pero garantizar que ese fallo no sea catastrófico. Este principio sigue siendo uno de los fundamentos del diseño aeronáutico moderno.
Por qué las ventanas de los aviones son pequeñas y ovaladas hoy
La forma oval de las ventanas de los aviones actuales es directamente heredera de las lecciones del Comet. Pero no solo la forma ha cambiado: también el tamaño. Las ventanas de los aviones modernos son deliberadamente más pequeñas que las del Comet original, precisamente para reducir al mínimo el área de recorte en el fuselaje y las tensiones que genera.
La única excepción notable es el Boeing 787 Dreamliner, que tiene ventanas significativamente más grandes que cualquier otro avión comercial. Esto es posible porque el fuselaje del 787 no está construido en aluminio sino en fibra de carbono, un material compuesto que tiene propiedades de fatiga completamente diferentes al metal y que permite recortes mayores sin el mismo riesgo de grietas.
El Comet y la presurización: conexión con otros sistemas del avión
Los accidentes del Comet pusieron de manifiesto por primera vez las consecuencias extremas de una descompresión explosiva en un avión comercial. La presurización de cabina, que permite a los aviones volar a altitudes donde el aire es demasiado escaso para respirar, somete el fuselaje a tensiones enormes en cada vuelo.
Para entender mejor por qué los aviones vuelan tan alto y qué implica la presurización, puedes consultar nuestro artículo sobre por qué los aviones vuelan tan alto o sobre qué pasa durante una descompresión en un avión. La relación entre la altitud de crucero, la presurización y el diseño estructural del fuselaje es uno de los aspectos más fascinantes de la ingeniería aeronáutica.
El aire que respiran los pasajeros dentro de un avión presurizado también tiene características particulares que muchos no conocen — si te interesa, puedes leer más sobre por qué el aire de los aviones huele diferente y cómo funciona el sistema de ventilación de cabina. Y la razón por la que los pilotos no pueden llevar barba también está directamente relacionada con la presurización y las máscaras de oxígeno de emergencia.
En resumen
Las ventanas de los aviones son ovaladas porque las ventanas cuadradas del De Havilland Comet concentraban las tensiones de presurización en sus esquinas, causando fatiga del metal y descompresiones explosivas que destruyeron varios aviones en pleno vuelo entre 1952 y 1954. La investigación del RAE de Farnborough estableció que la forma oval distribuye uniformemente las tensiones, eliminando los puntos de concentración que generan las grietas. Una tragedia que costó decenas de vidas y que hoy protege a millones de pasajeros en cada vuelo.
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