De las hogueras a los faros: cómo se guiaba el correo aéreo nocturno en EE.UU.

Recreación de avion decorreos USA volando de noche guiado por antorchas — navegación aérea antes del GPS — BCN Sim Center

En algún lugar del desierto de Utah, en lo alto de una colina de Wyoming o perdida entre los campos de Kansas, hay una flecha gigante de hormigón que apunta en una dirección. Mide unos 20 metros de largo, está pintada de amarillo y lleva décadas sin que nadie la use. Es uno de los vestigios del sistema de navegación del correo aéreo nocturno más ingenioso y más olvidado de la historia: la red de hogueras, torres y flechas de hormigón que permitió a Estados Unidos conectar sus costas por aire, de noche, en los años 20 del siglo XX, mucho antes de que existiera ningún sistema de radionavegación.


El origen: hogueras en la pradera

La historia comienza en 1919, cuando el teniente Donald L. Bruner del Cuerpo Aéreo del Ejército de Estados Unidos tuvo una idea tan simple como audaz: si los pilotos no pueden ver por dónde van de noche, hay que iluminarles el camino. Su primera solución fue encender hogueras cada 10 millas a lo largo de las rutas del correo aéreo. Sin tecnología, sin electricidad, sin infraestructura: solo fuego.

El experimento culminó la noche del 22 de febrero de 1921, cuando el Servicio Postal organizó el primer intento serio de vuelo nocturno transcontinental. Varios aviones salieron simultáneamente desde las dos costas. La navegación nocturna dependía de las hogueras encendidas a lo largo de la ruta por empleados de correos y, en muchos tramos, por granjas y agricultores que habían sido avisados para salir en plena noche a encender fuegos en sus campos.

Solo un avión completó el trayecto. El piloto Jack Knight salió de North Platte, Nebraska, en plena oscuridad, guiado únicamente por las llamas de las hogueras, un mapa de ferrocarril y una brújula. Voló toda la noche a través de nieve y niebla, repostando en Omaha y Iowa City. Cubrió 830 millas en nueve horas y llegó a Chicago al amanecer. La prensa lo convirtió en héroe nacional. Él fue más modesto: «Si alguna vez quieres preocuparte de verdad, intenta encontrar Iowa City de noche con nieve y niebla.»

Aquella noche quedó claro que el correo aéreo nocturno era posible. Solo hacía falta algo mejor que las hogueras.


El problema: el correo aéreo era más lento que el tren

Las hogueras de Jack Knight demostraron que era posible volar de noche, pero también que aquella solución era improvisada e impráctica a escala. El Servicio Postal necesitaba algo sistemático y fiable.


El Transcontinental Airway System: la autopista de luz

En 1923, el Congreso de Estados Unidos aprobó la financiación del Transcontinental Airway System, una red de faros giratorios que marcarían la ruta aérea del correo a través de todo el país. El proyecto fue ejecutado por el Departamento de Comercio.

El primer tramo construido fue entre Chicago y Cheyenne, Wyoming, situado estratégicamente en el centro de la ruta transcontinental para que los aviones que salían de ambas costas de día pudieran llegar a la zona iluminada al anochecer. El 1 de julio de 1924 partió el primer vuelo de correo aéreo nocturno de la historia entre Nueva York y San Francisco.

El sistema funcionaba así: cada 10 millas (unos 16 km) a lo largo de la ruta, se instalaba una torre metálica de 16 metros de altura con un faro giratorio de 5 millones de candelas que rotaba 6 veces por minuto y era visible a más de 40 kilómetros en condiciones claras. En zonas montañosas, los faros estaban más juntos; en las llanuras, más separados.

Cada faro emitía su número de identificación en código Morse, para que el piloto supiera exactamente en qué punto de la ruta se encontraba. A una velocidad de crucero de unos 150 km/h, el piloto veía un nuevo faro cada 6-7 minutos. Era como seguir una cadena de luces que cruzaba el continente.

En 1925, la ruta completa de Nueva York a San Francisco estaba iluminada: 2.665 millas (casi 4.300 km) de ruta nocturna. En 1933, el sistema había crecido hasta más de 18.000 millas (29.000 km) de rutas iluminadas y 1.500 faros en servicio.


Las flechas de hormigón: la navegación de día

Los faros funcionaban de noche, pero durante el día los pilotos necesitaban igualmente saber dónde estaban y en qué dirección debían ir. La solución fue igual de ingeniosa: junto a cada torre, se construyó una flecha gigante de hormigón de unos 20 metros de longitud, pintada de amarillo brillante, apuntando en la dirección del siguiente faro de la ruta.

Vistas desde el aire, estas flechas eran perfectamente visibles en tiempo despejado y proporcionaban a los pilotos una confirmación visual de que seguían la ruta correcta. En algunas zonas, compañías petroleras privadas como Standard Oil construyeron sus propias señales: nombres de ciudades pintados en los tejados de edificios con flechas direccionales, creando un sistema paralelo de navegación visual.

La imagen de un piloto de los años 20 siguiendo flechas de hormigón a través del desierto de Nevada es tan extraña como real. Era la navegación aérea de su época, y funcionaba.

La web Arrows Across America contiene un interesante catálogo sobre las cruces, balizas y aeropuertos destinados a las rutas usadas en esa época.

Flecha de hormigón gigante en el desierto de Utah apuntando la ruta del correo aéreo nocturno — faros correo aéreo nocturno EE.UU. años 20 — BCN Sim Center

Los pilotos del correo: héroes sin reconocimiento

Los pilotos que volaban el correo nocturno eran considerados entre los más valientes de la aviación pionera. Volar de noche en aviones abiertos de los años 20, sin instrumentos modernos, siguiendo una cadena de luces parpadeantes a través de montañas y tormentas, era una actividad de riesgo extremo.

Entre 1920 y 1926, más de 30 pilotos del correo aéreo murieron en accidentes. La tasa de mortalidad era tal que algunos calculaban que un piloto de correo que completara mil vuelos tenía aproximadamente una probabilidad entre dos de haber muerto durante ese proceso. Muchos de estos pilotos eran veteranos de la Primera Guerra Mundial que habían trasladado su tolerancia al riesgo de los campos de batalla al cockpit de un avión de correo.

Paradójicamente, este período de alto riesgo fue también el caldo de cultivo de algunas de las figuras más importantes de la aviación americana. Charles Lindbergh voló el correo antes de su histórico cruce del Atlántico en 1927.


El fin de los faros: la radio los hizo obsoletos

Con el desarrollo de las radioayudas en los años 30 — primero el sistema LFR (Low Frequency Radio Range) y luego el NDB y el VOR — los faros giratorios fueron perdiendo su importancia. Los pilotos podían ahora navegar con instrumentos, sin referencias visuales, en cualquier condición meteorológica. La cadena de luces que cruzaba el continente era inútil cuando había nubes bajas o niebla, precisamente las condiciones en que más se necesitaba.

Durante la Segunda Guerra Mundial, muchas de las flechas de hormigón fueron destruidas intencionadamente para evitar que pudieran ser usadas como ayudas de navegación por bombarderos enemigos en caso de un ataque aéreo sobre el continente americano.

A finales de los años 40, el sistema de faros había quedado prácticamente obsoleto. Las torres fueron desmontadas y los faros retirados. Solo quedaron las flechas de hormigón, demasiado grandes y pesadas para ser eliminadas fácilmente, enterradas en el desierto o cubiertas por la vegetación.


Los faros que sobreviven hoy

En la actualidad, centenares de flechas de hormigón siguen existiendo dispersas por el territorio estadounidense, especialmente en los estados del oeste: Utah, Wyoming, Nevada, Montana. Son casi imposibles de ver desde la carretera, pero perfectamente visibles desde el aire — o desde Google Maps.

En Montana, el estado mantuvo 19 faros en funcionamiento hasta 2018, cuando finalmente se apagaron definitivamente. Eran los últimos faros del Transcontinental Airway System en activo, mantenidos durante décadas por el Departamento de Transportes de Montana como curiosidad histórica y ayuda de navegación de último recurso.

El Museo Nacional del Aire y el Espacio de Washington D.C. conserva uno de los faros originales en su colección permanente.


Una lección de ingenio aplicado

La historia de los faros del correo aéreo nocturno es un ejemplo extraordinario de cómo la aviación pionera resolvió problemas enormes con medios sorprendentemente simples. Antes de los satélites, antes de los radares, antes incluso de la radionavegación, los pilotos americanos cruzaban el continente de noche siguiendo una cadena de luces construidas por el Departamento de Comercio. Era tecnología básica aplicada con una escala y una ambición enormes.

Y en el desierto de Utah, si sabes dónde buscar, todavía puedes encontrar una de esas flechas amarillas de hormigón apuntando hacia el horizonte, señalando una ruta de correo que dejó de existir hace ochenta años.

Si te interesa la historia de la navegación aérea: ¿Cómo navegaban los aviones antes del GPS?, ¿Qué es un VOR en aviación y cómo funciona? y La historia del Concorde: el avión supersónico.

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