¿Por qué los aviones vuelan tan alto? La altitud explicada

Avión comercial volando a gran altitud sobre las nubes — por qué los aviones vuelan tan alto

Si alguna vez has mirado por la ventanilla y has visto las nubes muy por debajo de ti, probablemente te has preguntado por qué los aviones vuelan a tanta altura. La respuesta no es una sola: son varias razones que se combinan para hacer que volar a 10.000 o 12.000 metros sea la opción más segura, eficiente y cómoda para todos.

En BCN Sim Center lo vemos constantemente: cuando alguien se sienta por primera vez en la cabina del simulador y empieza a entender cómo funciona un avión, muchas de las preguntas que llevaba años haciéndose encuentran respuesta. Esta es una de ellas.


¿A qué altura vuelan los aviones comerciales?

Los aviones de pasajeros modernos, como el Boeing 737 o el Airbus A320, vuelan habitualmente entre 10.000 y 12.500 metros de altitud (entre 33.000 y 41.000 pies, en la terminología de aviación).

Para hacernos una idea: el Monte Everest mide 8.849 metros. Los aviones comerciales vuelan por encima de él.

Esta altitud se denomina nivel de crucero y es donde el avión pasa la mayor parte del tiempo de vuelo, una vez completado el ascenso y antes de iniciar el descenso hacia el destino.


Razón 1: Menos resistencia del aire

A mayor altitud, el aire es menos denso. Y menos densidad significa menos resistencia aerodinámica.

Cuando un avión avanza, tiene que «empujar» el aire que tiene delante. Cuanto más denso es ese aire, más energía necesita para moverse. A 10.000 metros, el aire es mucho más fino que a nivel del mar, lo que permite que el avión avance con mucho menos esfuerzo.

El resultado es que los motores trabajan de forma más eficiente, el avión consume menos combustible por kilómetro recorrido y puede mantener velocidades de crucero elevadas —entre 800 y 900 km/h— de manera sostenida.

En los vuelos de corta distancia, como Barcelona-Madrid, el avión apenas llega a su altitud óptima antes de tener que descender. En los vuelos de larga distancia, ese nivel de crucero puede mantenerse durante horas, y las diferencias en consumo de combustible son enormes.


Razón 2: Eficiencia de los motores

Los motores de los aviones comerciales —turbofan, en su mayoría— están diseñados para rendir al máximo en condiciones de aire frío y poco denso, exactamente las que se encuentran a gran altitud.

A nivel del mar, el aire caliente y húmedo hace que los motores trabajen con menos eficiencia. A 10.000 metros, el aire frío y seco permite una combustión más eficiente, más empuje por litro de combustible y menos desgaste en los componentes.

Esto no es un detalle menor: el combustible representa entre el 20 y el 30% de los costes operativos de una aerolínea. Volar a la altitud óptima puede suponer ahorros de millones de euros al año para una compañía de tamaño mediano.


Razón 3: Evitar el mal tiempo

La mayor parte de las nubes, las tormentas y las turbulencias asociadas al mal tiempo se producen en la troposfera, la capa más baja de la atmósfera, que llega hasta aproximadamente 8.000-12.000 metros según la latitud.

A nivel de crucero, los aviones vuelan cerca del límite de la troposfera o justo por encima de ella, en la tropopausa o en los inicios de la estratosfera. En esa zona, el cielo suele estar despejado, el aire es más estable y las turbulencias convectivas —las asociadas a tormentas— son mucho menos frecuentes.

Cuando un piloto dice que «subiremos un poco para salir de las turbulencias», literalmente está buscando una capa de aire más tranquila por encima de las nubes que están causando el movimiento.


Razón 4: Seguridad ante emergencias

Puede parecer contradictorio, pero volar alto es también más seguro en caso de emergencia.

Si se produce una descompresión —es decir, si la cabina pierde presión de forma inesperada— los pilotos necesitan descender rápidamente a una altitud donde el aire sea respirable sin necesidad de oxígeno suplementario, aproximadamente 3.000-4.000 metros.

Tener altitud de sobra permite hacer ese descenso de emergencia de forma controlada, con tiempo para que los pilotos sigan los procedimientos correctamente. Si el avión volara bajo desde el principio, ese margen no existiría.

Además, a mayor altitud hay más tiempo para resolver cualquier problema técnico antes de que afecte a la operación del vuelo.


Razón 5: Evitar el tráfico aéreo inferior

El espacio aéreo está organizado en capas y rutas, igual que las carreteras. Los aviones más pequeños —aviación general, helicópteros, aviones de hélice— vuelan a altitudes mucho más bajas, generalmente por debajo de 5.000-6.000 metros.

Los aviones comerciales vuelan por encima de todo ese tráfico, en un espacio aéreo separado y controlado, con mucho menos riesgo de conflictos de tráfico. Esto simplifica enormemente la gestión del espacio aéreo y permite que miles de aviones vuelen simultáneamente sin interferirse.


¿Por qué no vuelan aún más alto?

Si a más altitud hay menos resistencia y mejor eficiencia, ¿por qué no vuelan a 20.000 metros?

Hay dos límites principales:

Los motores. A altitudes muy elevadas, el aire es tan poco denso que los motores convencionales no pueden generar suficiente empuje. Los turbofan comerciales tienen un techo operativo práctico de unos 13.000-14.000 metros.

La presurización. Cuanto más alto vuela el avión, más diferencia hay entre la presión exterior y la presión que hay que mantener dentro de la cabina. Esto genera más estrés en la estructura del avión. Hay un equilibrio entre la altitud óptima y la resistencia estructural de la aeronave.

Los aviones militares y algunos aviones de investigación vuelan mucho más alto, pero requieren tecnología y estructuras completamente diferentes.


¿Qué siente el pasajero a esa altitud?

Nada, en condiciones normales. Y eso es posible gracias a la presurización de la cabina.

A 10.000 metros, la presión atmosférica exterior es aproximadamente un cuarto de la que hay a nivel del mar. Sin presurización, los pasajeros perderían el conocimiento en cuestión de minutos.

Los sistemas de presurización mantienen el interior del avión a una presión equivalente a la de una altitud de entre 1.800 y 2.400 metros —similar a estar en una ciudad como México DF o Bogotá. Es por eso que en vuelos largos algunas personas se sienten ligeramente cansadas o con los oídos taponados: no están a nivel del mar, aunque el avión vuele a 12.000 metros.


Lo que aprendes en el simulador

En BCN Sim Center, una de las cosas que más sorprende a quienes se sientan por primera vez en la cabina del Boeing 737 es ver el altímetro. Ese instrumento, que indica la altitud del avión, cobra un significado completamente nuevo cuando entiendes por qué está donde está.

Practicar el ascenso hasta el nivel de crucero, ver cómo cambian los instrumentos, entender qué hace el piloto automático para mantener la altitud y experimentar un descenso controlado son parte habitual de nuestras sesiones. No es solo volar: es entender.


Conclusión

Los aviones vuelan tan alto por una combinación de eficiencia, seguridad y practicidad. Menos resistencia del aire, motores más eficientes, cielos más tranquilos, más margen ante emergencias y separación del tráfico inferior son todas razones que apuntan en la misma dirección: cuanto más alto, mejor —dentro de los límites técnicos de cada aeronave.

La próxima vez que mires por la ventanilla y veas las nubes muy abajo, sabrás exactamente por qué estás ahí arriba.


¿Quieres experimentar el ascenso hasta el nivel de crucero desde la cabina de un Boeing 737? Reserva tu sesión en BCN Sim Center.

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