¿Por qué los aviones no pueden despegar con demasiado calor?

En los veranos más calurosos, algunos aeropuertos han tenido que cancelar o retrasar vuelos por culpa de las temperaturas. La noticia suena extraña: ¿cómo puede el calor impedir que despegue un avión que pesa cientos de toneladas y tiene motores capaces de generar miles de kilos de empuje?
La respuesta está en la física del aire y en un concepto que los pilotos conocen bien: la densidad del aire. Cuando sube la temperatura, el aire se vuelve menos denso, y eso cambia todo.
El aire no es siempre igual
El aire parece uniforme, pero sus propiedades físicas varían constantemente con la temperatura, la altitud y la humedad. La propiedad que más importa en aviación es la densidad: la cantidad de moléculas de aire que hay en un volumen determinado.
A mayor temperatura, las moléculas de aire se mueven más rápido y se separan más entre sí. El resultado es que hay menos moléculas por metro cúbico — el aire es menos denso.
Y para un avión, un aire menos denso significa tres problemas simultáneos:
- Las alas generan menos sustentación
- Los motores producen menos empuje
- La hélice o el fan del motor mueve menos masa de aire
Los tres juntos se traducen en una única consecuencia: el avión necesita más velocidad para despegar, lo que requiere más pista y más potencia de motores.
La altitud densidad: el número que lo explica todo
Los pilotos trabajan con un concepto llamado altitud densidad (density altitude), que es la altitud equivalente en la atmósfera estándar a la que el avión «cree» estar, en función de la densidad real del aire.
Si un aeropuerto está a nivel del mar pero hace 45°C, la altitud densidad puede ser equivalente a estar a 2.000 o 3.000 metros de altitud. El avión no está más alto, pero el aire que respira es tan poco denso como si lo estuviera.
Y los aviones calculan sus performances —distancias de despegue, pesos máximos, velocidades— en función de la altitud densidad, no de la altitud geográfica real.
Por qué los motores también sufren con el calor
Los motores de los aviones comerciales son turbinas de gas. Su funcionamiento básico consiste en comprimir aire, mezclarlo con combustible y quemarlo para generar empuje.
Cuanto más denso es el aire que entra al motor, más masa puede comprimir y quemar, y más empuje puede generar. Con aire caliente y poco denso, el motor ingiere menos masa de aire por unidad de tiempo — aunque aspire el mismo volumen — y su rendimiento cae.
En términos prácticos: un motor que en condiciones normales genera 100% de su empuje certificado, en un día muy caluroso puede generar significativamente menos. Y eso es exactamente lo que no se quiere durante el despegue, que es el momento de mayor demanda de potencia.
El problema del «hot and high»
En aviación, la expresión «hot and high» describe las condiciones más exigentes para el rendimiento de una aeronave: temperatura elevada y altitud elevada simultáneamente.
Aeropuertos como Nairobi (1.795 metros de altitud, clima cálido), Bogotá (2.548 metros) o Denver (1.655 metros) son conocidos por sus condiciones hot and high. En estos aeropuertos, los aviones deben operar con limitaciones de peso significativas, incluso en días normales.
Pero incluso aeropuertos a nivel del mar pueden experimentar condiciones similares durante olas de calor extremo. En julio de 2017, el aeropuerto de Phoenix (Arizona) alcanzó 49°C y varios vuelos tuvieron que cancelarse porque los pequeños aviones regionales no estaban certificados para operar con esas temperaturas.
Qué pueden hacer los pilotos y las aerolíneas
Cuando la temperatura sube y el rendimiento del avión cae, hay varias estrategias posibles:
Reducir el peso del avión. Menos combustible, menos carga, menos pasajeros. Reducir el peso significa que el avión necesita menos sustentación para despegar y puede hacerlo a menor velocidad.
Esperar a que refresque. En muchos aeropuertos con días muy calurosos, los vuelos se programan para primera hora de la mañana o por la noche, cuando las temperaturas son más bajas y el aire más denso.
Usar más pista. Con aire poco denso, el avión necesita más velocidad para despegar y esa velocidad tarda más en alcanzarse. Usar la pista completa, arrancando desde el principio, maximiza la distancia disponible.
Reducir el ángulo de despegue. En condiciones de alta temperatura, algunos procedimientos requieren un ascenso inicial más gradual para no sobrecargar los motores.
En casos extremos, cancelar. Si la temperatura supera los límites certificados de la aeronave o si los cálculos de performance muestran que el despegue no es posible con seguridad, el vuelo se cancela o se desvía a otro aeropuerto.
Los límites de temperatura certificados
Cada aeronave tiene una temperatura máxima de operación certificada. Para la mayoría de los aviones comerciales, ese límite está en torno a los 50°C (ISA +35°C en la terminología aeronáutica). Por encima de esa temperatura, la aeronave no puede operar dentro de sus parámetros certificados.
Estos límites no son arbitrarios: se establecen tras miles de horas de pruebas que verifican que todos los sistemas del avión —desde los motores hasta los sistemas hidráulicos y los neumáticos— funcionan correctamente a esa temperatura.
El cambio climático y la aviación
El calentamiento global está convirtiendo este problema en más frecuente y más serio. Estudios publicados en los últimos años estiman que, si las temperaturas globales suben entre 1,5 y 2°C respecto a los niveles preindustriales, el número de días al año en que los aviones tendrán que operar con limitaciones de peso podría aumentar significativamente en muchos aeropuertos del mundo.
En aeropuertos del Golfo Pérsico, del sur de Asia o del suroeste de los Estados Unidos, donde las temperaturas extremas ya son habituales, este impacto se sentirá antes y con más intensidad.
La industria aeronáutica está respondiendo con motores más eficientes, materiales más ligeros y diseños aerodinámicos mejorados que reducen la velocidad de despegue necesaria. Pero los límites físicos de la densidad del aire son difíciles de superar con ingeniería.
Lo que se practica en el simulador
En BCN Sim Center, una de las variables que podemos ajustar en el simulador es precisamente la temperatura y la altitud densidad. Practicar un despegue desde un aeropuerto de alta montaña en un día caluroso — sintiendo cómo el avión acelera más lentamente, usa más pista y asciende con menos margen — es una forma muy efectiva de entender de forma visceral lo que hemos explicado en este artículo.
Para los pilotos que preparan operaciones en aeropuertos con condiciones hot and high, estas sesiones son especialmente útiles.
Conclusión
El calor no le da miedo al metal ni al combustible. Le afecta al aire. Y sin aire denso, las alas no sustentan, los motores no empujan y los aviones no pueden despegar con seguridad. Es física pura, y es uno de los factores que hacen de la aviación una disciplina donde las condiciones ambientales importan tanto como la tecnología.
La próxima vez que veas una noticia sobre vuelos cancelados por calor, ya sabrás exactamente por qué.
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